ANTECEDENTES HISTÓRICOS SOBRE LOS CORRALES DE CHIPIONA.

Cuando en el desarrollo de este dossier nos refiramos a la actividad de marisqueo como “actividad milenaria” no pretendemos incrementar artificialmente la importancia real del legado histórico de nuestra tradición. Simplemente damos constancia de transcripciones sacadas de obras antiguas y llevamos a cabo interpretaciones que nacen de la propia lógica y la consideración de los datos existentes y disponibles.

                        Lamentablemente, no hemos podido localizar textos que se refieran expresamente a la actividad de pesca a pie (o marisqueo), quizás porque no debieron ser considerados en ningún momento y a lo largo de nuestra historia suficientemente dignos de constituir objeto específico de estudio.

                        No obstante, hemos de considerar forzosamente vinculada las técnicas de pesca a pie (o marisqueo) a la existencia de los corrales de pesquería o corrales de pesca, sobre los que sí se han podido localizar algunas transcripciones antiguas, dado que en su momento fueron importantes centros de obtención de recursos pesqueros y, por ello, estaban dotados de un importante valor económico y resultaban objeto de distintas y hasta curiosas transacciones comerciales.

                        Creemos oportuno puntualizar el hecho de que no venimos a afirmar que los corrales actualmente existentes sean los mismos que proceden de la antigüedad a que hacemos referencia: tan solo afirmamos que la técnica como tal procede de dicho antecedente.

El devenir del tiempo ha traído consigo la aparición de nuevos corrales y la desaparición de otros anteriores, en un punto u otro de nuestro litoral, siendo recordados incluso por nuestra memoria viva el Corral de Bodión, el Corral de la Cuba, el Corral de Camarón o el Corral de la Pavona y de los que, lamentablemente, hoy no quedan más que sus antiguos emplazamientos y la característica huella dejada por su anterior existencia.

                        Los datos a continuación consignados han sido obtenidos gracias a la amabilidad y espíritu de cooperación del que siempre ha hecho gala uno de los socios y colaboradores de esta Asociación más respetados y admirados por todos sus miembros, D. Juan Luis Naval Molero, reconocido estudioso de todas las facetas históricas de nuestra localidad, y proceden de su obra sobre los corrales de pesca que, felizmente, ya tiene prácticamente concluida. Prácticamente es una transcripción literal de su texto originario, con algunas salvedades y puntualizaciones de nuestro propio puño para poder realizar las oportunas concatenaciones en el contexto de este dossier.

                        Del origen de los corrales unos dicen que es árabe, aunque otros autores, tal vez con mejor criterio, lo remontan a época romana, debido a ser un método empleado por esta civilización frecuentemente, y a la similitud de los utensilios empleados para llevar a cabo las capturas de peces y otros animales con los usados por esa civilización. No obstante, no debe desdeñarse la posibilidad de tener su origen en una civilización aún más antigua.

                        Con independencia del argumento de la similitud de los utensilios empleados, ha de citarse forzosamente otro argumento a favor de su datación en época romana y no en época árabe: en la isla francesa de Olerón (que según recordamos sí llegó a ser parte del Imperio Romano, pero que nunca formó parte del dominio islámico en Europa,  prácticamente  circunscrito a la Península Ibérica) existen corrales de pesca prácticamente iguales a los que hoy podemos contemplar en Chipiona, con no más peculiaridades diferenciadoras que las que son atribuibles por razón de las diferencias entre ambos litorales o de las especies que se pueden encontrar en cada uno de ellos.

                        Es de destacar este dato por cuanto en la actualidad únicamente pueden encontrarse corrales de pesca en nuestra costa y en la de la citada isla gala, siendo la del Imperio Romano la única datación histórica en que ambas latitudes estuvieron unificadas bajo un mismo dominio político, administrativo y militar.

                        Sobre la antigüedad de los corrales de Chipiona, son numerosos los datos históricos que hacen referencia a sus inicios, desde el siglo XIV a nuestros días.

                        Así el corral de pesca denominado “La Cuba” y otros más fueron donados al Monasterio de Regla para el sustento de los frailes agustinos el 16 de julio de 1.399 por D. Pedro III Ponce de León, Señor de Marchena.

                        El documento de donación, según relata Carmona Bohórquez en su libro manuscrito de 1.637 dice así: “Don Pedro Ponce de León, Señor de Marchena, a 16 de julio de 1.399, hace donación al Convento de Regla, de unos corrales de pesquería que están en la puerta que llaman de La Cuba, que dice heredado del Conde D. Joan, en el término de Rota, y dónolo libremente sin carga, para el sustento de los religiosos de la dicha casa”.

                        El padre agustino describe la existencia de los corrales de pesquería así: “Por este extremo de mar, hacia la playa que tira a la parte de la villa de Rota, están muchos corrales de pesquería, en los cuales se coge gran cantidad de pescado de todo género y de mucho regalo, soliendo salir muchos muertos y otros vivos que las mareas arrojan fuera”.

                        Este mismo autor dice que “La gente de Chipiona habían dejado como limosna al Convento de Regla, según papeles y escrituras, tres corrales de pesquería”, sin mencionar los nombres de éstos.

                        En el Archivo de los Duques de Medina Sidonia se nos dice que “los corrales de pesquería de “Montijos y Corvina” les fueron donados al Convento de Barrameda por el primer Duque Don Juan el 20 de agosto de 1.451 y 8 de septiembre de 1.466 respectivamente, del primero dice que una tercera parte del corral”.

                        En el siglo XVI se menciona el corral del “Gallego”, que estaba en la punta de lo que hoy se llama Montijo, lugar en el que actualmente sigue existiendo uno de estos corrales.

                        En la Jara, durante la segunda mitad del siglo XVII, existía un corral denominado “Espadero Juan Martín”, donde se labró otro en 1.697.

                        Velázquez Gaztelu, en su libro sobre la Historia Antigua de Sanlúcar de Barrameda, menciona los corrales de Chipiona de esta forma: “...Y siguiendo la playa que conduce a Chipiona y Regla, hasta enfrentar con el corral de la pesquería llamado en la visita antigua, del Gallego, y entonces de Juan Martín, propio hoy del Hospital de San Juan de Dios de esta ciudad, por donación posterior que le hizo la Santa Cartuja de Jerez de la Frontera”.

                        Los datos existentes en los archivos de Regla revelan, tras 150 años de pacífica posesión, ciertos conflictos con el municipio. Uno de ellos es una Provisión, de 16 de noviembre de 1.553, que el Duque “manda a sus Justicias de la Villa de Chipiona para que (este convento) pueda comprar, primero que otro alguno, pescado de los corrales que tiene, sin que les puedan apremiar a que lo vayan a comprar a la Villa”.

                        Otro es un memorial de 10 de enero de 1.557, en el que el prior Juan de Espínola se queja al Duque de la decisión de los Justicias de Chipiona “sobre embargar no se comprase pescado de los corrales propios del convento, sino que fuesen a la pescadería”.

                        Y otro es un despacho de 10 de marzo de 1.558, contra los Justicias de Chipiona, que “llegaron a perseguir a los pescadores por vender directamente al Convento el pescado de sus corrales”.

                        También existen actas capitulares que nos revelan la propiedad de estos corrales por parte de vecinos de Sanlúcar de Barrameda. En 1.648 se acuerda por el Cabildo de Chipiona: “y atento a ver en esta Villa, algunos corrales de pesquería del que se causa el dicho derecho, y los tienen algunos vecinos de Sanlúcar y otros vecinos de esta dicha Villa, y para los corrales de la Cuba y Mentalaber, nombraron a Andrés de Montoro, para que de los corraleros y pescadores que hay en los dichos corrales, cobre de ellos de todo el pescado que mataren, pesándolo por libras a diez y seis maravedís por cada una, y se le notifique, lo acepte y tenga libro de cuenta y razón, de todo el que mataren en este dicho tiempo cobrando los dichos derechos y a ello sea apremiado hasta que se obligue y dé fianzas a satisfacción de este Consejo, y para lo que hay junto a esta Villa y el del corral demorante”.

                        Hay otros documentos que nos desvelan la antigüedad de algunos corrales, como el de 5 de mayo de 1.820, en el que una orden de la Diputación Provincial sobre que “Ezequiel Ruiz pretende la donación del corral de Camarón, solicitando se informe sobre el testamento de Dña. Catalina Lorenzo Algarín que dejó entre otras cosas, el corral de Camarón a la fábrica de la iglesia para pagar el mantenimiento de ésta y de la escuela de primeras letras”.

                        En una relación jurada del prior del Monasterio de Regla al Ayuntamiento chipionero, sobre las propiedades que poseía en este término, de fecha 1.822, se incluye entre otras propiedades (fincas, campos, etc.) los corrales de pesca de La Longuera, Perro y Hondo, especificando a la vez que los tenían arrendados y los valoraban en esa fecha en cuatro reales de vellón.

                        Un acta de nuestro Ayuntamiento de 1.856 dice que Dña. Catalina Lorenzo Algarín dejó en testamento el Corral de Camarón para venderlo y que lo que se cogiera sirviera para hacer una escuela pública.

                        En marzo de 1.859, Diego Ruiz Mergalina, apoderado del presbítero Felipe Ruiz López, comunica al Ayuntamiento que es propietario del Corral de Camarón, a la vez que le reclama los réditos desde 1.840. En este escrito se dice que en ese momento el corral era propiedad de los propios del pueblo desde el año anterior. También dice que lo habían tenido que arreglar debido a lo daños causados por los temporales, por lo que no podían pagarle nada.

                        De este modo la Parroquia fue propietaria de este corral de pesquería hasta 1.859, fecha en la que según las actas capitulares le fue enajenado mediante desamortización. También dice en ellas que los habían tenido que arreglar por motivo de los temporales.

                        Según dice José Muñoz Pérez en su libro “La pesca en la desembocadura del Guadalquivir”: “Algún corral de Chipiona es propiedad de algún relevante miembro de la alta sociedad Sevillana”.

                        En 1.751 existían en Chipiona ocho corrales, de los cuales cinco eran de propiedad eclesiástica (cuatro del Convento de Regla y uno de la Colegial de San Salvador de Jerez de la Frontera). El Convento tenía cedido en arrendamiento dos de ellos, al igual que la Colegial. Los otros dos los explotaba directamente. Había otros dos propiedad de seglares y del otro no se tienen noticias. Hay diez personas que figuran en el Catastro como arrendadores de corrales y mariscadores en los mismos.

                        Diez años después, en 1.761, aparecen sólo tres personas dedicadas a los corrales y siete de estas explotaciones pesqueras.

                        Vemos por tanto, que estos corrales han tenido épocas en las que se les ha prestado más atención y otra menos ya que, curiosamente, en 1.751, había un corral más que diez años después, en 1.761, aunque hay que tener en cuenta que en este transcurso de tiempo se produjo el maremoto de Lisboa de 1.755, que como es de suponer afectaría y devastaría alguno de ellos, pues si en la cercana Sanlúcar de Barrameda destruyó cinco de ellos y en Rota deshizo el puerto pesquero, no sería de extrañar que en Chipiona ocurrieran desastres similares cuando el agua se desbordó saliéndose de sus límites.

                        De algunos de ellos tenemos referencia cuando fueron construidos. Así, en el acta de 19 de noviembre de 1.881 hay una comunicación del Comandante de Marina en la que dice que “D. Francisco Florido Castro puede hacer un corral adosado al de su propiedad llamado de Camarón, en este acta le dan permiso para hacerlo siempre que cumpla con la Ley”. Probablemente se refiere al Corral Canaleta.

                        En otra Acta Capitular, la de 1.882, el Comandante de Marina pide al Ayuntamiento “... se le informe de la solicitud de D. Manuel Reina y Junquero para hacer un corral en el sitio denominado Punta de Montijo”. De igual modo este mismo señor solicita más tarde, el 25 de marzo de 1.882, hacer otro corral en el lugar denominado Hondo Chico y Mariño, a lo que no se le pone reparo alguno para su construcción.

                        La diferencia de fechas existentes entre las donaciones de algunos corrales (1.399) y las de las solicitudes para construir otros nuevos (1.881-1.882), nos lleva a pensar que no siempre han sido los mismos corrales los que han existido en Chipiona, ni la misma cantidad de ellos. Ni siquiera han estado en los mismos lugares pues, posiblemente, no pocas veces habrán sido destrozados por la mar y luego construidos en el mismo lugar o en otro diferente, tal vez retranqueándose conforme el mar ha ido ganándole terreno a la costa chipionera.